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La aparentemente idílica niñez de Tania Pérez Díaz se vio repentinamente interrumpida a los ocho años de edad. Los médicos le diagnosticaron una enfermedad cardíaca que ocasionó que sus demás órganos comenzaran a fallar y, a los 11 años de edad, pesaba apenas 54 libras (24.5 kg). Un trasplante de corazón le restauró la salud y le permitió volver a la escuela, tocar el piano y tomar clases de canto y de baile. Tania es muy consciente del regalo especial que recibió y le agradece todos los días a Dios, a sus padres y a la familia especial que le dio una segunda oportunidad.

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Para Emily Pérez, la parte más difícil de padecer fibrosis cística no eran las líneas intravenosas siempre presentes ni la terapia de oxígeno. “No podía ser una madre para mi hijita”, recuerda Emily. Un trasplante doble de pulmón cambió eso y convirtió en realidad su sueño de ser una “mamá a tiempo completo”. “No hay palabras para describir lo que significa finalmente vivir y ser mamá por primera vez”, dice Emily. Además de nadar casi todos los días, también entrena al equipo de fútbol de su hija. “Estamos viviendo cada día, milagro a milagro”.

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La devastadora pérdida de Ranelle Ray dejó un enorme vacío para su madre, sus hermanas, sus sobrinos y, en particular, para su hijo, Jusvani. “Fue decisión de él que su madre se convirtiera en una donante de órganos”, cuenta Marina, la madre de Ranelle. “Y tomó la decisión de inmediato”. Ranelle, que estudiaba enfermería, siempre quería ayudar a los demás y toda la familia encontró consuelo al saber que podían ayudarla a cumplir ese deseo después de su muerte. “Mi tía tendría una gran sonrisa en su rostro si supiera la cantidad de vidas a las que ayudó”, cuenta su sobrino, Marco. En memoria de Ranelle, la familia con frecuencia se reúne para soltar globos al aire. “Cuando soltamos globos”, explica Marina, “nos mantenemos conectados con Ranelle. Estoy orgullosa de mi hija, como lo he estado siempre. Le dio a alguien una segunda oportunidad de vida”.

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Ismael Santiago Romero, o el “Chino”, como prefiere que lo llamen, tiene 54 años y recuerda el 17 de marzo de 1993 como el día en que le devolvieron la vida. “Desde ese día he estado inmensamente agradecido con la persona que me donó su riñón”, afirma. Cada día, reza para que la familia de su donante reciba “todo tipo de bendiciones por el regalo con el que me honraron”. Si bien recuerda fácilmente sus cuatro años de diálisis, prefiere concentrarse en el presente y dedicar su tiempo a reparar automóviles y trabajar como voluntario en LifeLink de Puerto Rico. “Animo a los demás a que muestren su apreciación y que le digan “sí” a la donación de órganos y tejidos”.

 

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Desde pequeños, los hijos de Gilbert Vázquez recibieron la enseñanza de que debían retribuirle a su comunidad. Gilbert predicó con el ejemplo visitando hospitales para llevar alegría a los niños enfermos. Pero nunca hubiera imaginado el regalo que su hijo, Gilbert Vázquez Díaz, les daría a más de 30 personas. Cuando el joven Gilbert murió sólo tres meses antes de graduarse de la universidad, se convirtió en donante de tejidos. La tristeza de Gilbert fue menor cuando supo a cuánta gente su hijo había ayudado. “Estaba seguro de que éste no era el final de una vida, sino una continuación de la misma”. Gilbert sigue retribuyendo a través de su trabajo voluntario en LifeLink de Puerto Rico.

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“Desde el trasplante, la vida ha sido tan maravillosa”, dice Ashley Hernández, cuyo hijo, Arturo, comenzó a recibir diálisis cuando apenas tenía dos semanas de vida debido a una enfermedad renal crónica. Sólo después de recibir el trasplante, Arturo comenzó a caminar y hablar. Ahora, con 2 años y medio, “intenta cosas nuevas y diferentes”, afirma su mamá. Los recuerdos de su niñito que estaba en el hospital y cuya salud dependía de máquinas desaparecen con el tiempo. Gracias a un donante de órganos, “tiene una vida por delante… una vida sin tubos”.

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Un trasplante de hígado salvó la vida de José Nogueras y, además, le brindó una renovación espiritual que lo inspira a rezar diariamente por las miles de personas que esperan en la lista de trasplantes. Afirma que su vida actual, “no se puede comparar en lo absoluto con la vida de antes”. José, ahora más fuerte tanto física como emocionalmente, tiene una mayor apreciación al ver cuando los demás disfrutan de su propia felicidad. Y su trasplante también influyó en su carrera como compositor y cantante galardonado. “La música me sale con más naturalidad que nunca”. Dice que su vida ahora se encuentra en total armonía y la vive al máximo con su esposa, Marisell, y sus tres hijas, Coralis, Cristina y Beatriz.

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Christine Caesar no quiere mirar hacia atrás y arrepentirse de no haber hecho realidad sus sueños, por lo tanto, ahora que tiene una segunda oportunidad, vive as máximo.  Desde que a principios de 1990 le diagnosticaron sarcoidosis, una enfermedad autoinmune que puede afectar a diferentes sistemas de órganos, la salud de Christine empeoró hasta el punto en que se volvió dependiente del oxigeno y se vio en la necesidad de someterse a diálisis.  Asimismo su hígado no funcionaba como debía.  Necesitaba un trasplante de hígado y de riñón para sobrevivir y, gracias a un donante de órganos, Christine recibió el regado de la vida en 2006.  Compensando el tiempo perdido, Christine trabaja a tiempo completo en el negocio familiar en el rubro de la tecnología y a medio tiempo en servicios de transcripción medica.  Ama viajar con su esposo, Carl, y desde su trasplante se ha dedicado a la artesanía en madera.  Christine se siente cómoda en los pasillos de madera de su ferretería local y se siete orgullosa de contribuir con algo mas que su sentido de la moda al remodelar su hogar.  “Le agradezco tanto a mi donante”, dice Christine, “me devolvieron mi independencia”.

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Tenía 23 años cuando le fue descubierta su condición de Glomuronefritis Membranosa. En el año 2000, diecisiete años después, comenzó a recibir diálisis. Tres años después de haber comenzado la diálisis y en un chequeo de rutina como parte del proceso para enlistarse para trasplante de riñón, le fue descubierta una Cardiomiopatía Dilatada, por lo que fue evaluado para un doble trasplante de corazón/riñón, que posteriormente ocurrió el 7 de julio de 2007 en el Centro Cardiovascular de Puerto Rico y el Caribe en una cirugía histórica ya que era la primera vez que se realizaba en la isla. Dice: “me siento doblemente bendecido, pues he recibido 2 trasplantes cuando tantos esperan por sólo uno. Además, agradezco a Dios y a mi donante esta segunda oportunidad de vida y confío que algún propósito tiene Dios para mí”.

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La vida de Luis Enrique cambió en un abrir y cerrar de ojos. El 1 de octubre de 2007 Luis Enrique recibió una segunda oportunidad de vida en el Tampa General Hospital, luego de haberle sido diagnosticados varios tumores en el hígado. A sus 58 años Luis Enrique asegura que esta experiencia lo aferró más a la vida, a su familia, al aire y a todo lo que le rodea. Se siente muy feliz y especialmente agradecido del apoyo incondicional de su esposa y sus cuatro hijos. Le encanta viajar y sobre todo disfruta mucho el privilegio de tener junto a él a sus ocho nietos. Le encanta visitar a personas enfermas llevando un mensaje de esperanza. Siente más compasión por el prójimo y aprovecha cada día para crear conciencia sobre la importancia de donar. Dice, “el tener una segunda oportunidad de vida me ha hecho un mejor ser humano y me ha permitido ayudar a otros que atraviesan mi misma situación.”

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