“Desde el trasplante, la vida ha sido tan maravillosa”, dice Ashley Hernández, cuyo hijo, Arturo, comenzó a recibir diálisis cuando apenas tenía dos semanas de vida debido a una enfermedad renal crónica. Sólo después de recibir el trasplante, Arturo comenzó a caminar y hablar. Ahora, con 2 años y medio, “intenta cosas nuevas y diferentes”, afirma su mamá. Los recuerdos de su niñito que estaba en el hospital y cuya salud dependía de máquinas desaparecen con el tiempo. Gracias a un donante de órganos, “tiene una vida por delante… una vida sin tubos”.

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